El círculo virtuoso

Cuando comenzamos a construir ON Lab nos planteamos un ideal de empresa que era verdadero en aquél entonces, pero con el paso del tiempo nuestra visión cambió para constituirse en algo, a nuestro entender, mucho más maduro y real. Nuestros sueños iniciales se transformaron, luego de muchos libros, charlas, discusiones y momentos de reflexión en un WHY qué recita lo siguiente:
We believe in the pursuit of happiness by building a dream team that creates, with passion, purpose and joy, beautiful software.
(Creemos en la búsqueda de la felicidad construyendo un equipo estrella que crea, con pasiónpropósito y alegría, software hermoso.)
Las palabras en negrita resaltan lo que para nosotros es importante. No importa el software. Lo importante fue descubrir por qué hacemos lo que hacemos. Descubrir que lo hacemos nada más y nada menos que para ser felices.
Este WHY fue nuestro motor en las decisiones y discusiones que siguieron a su creación. Ante la duda de si participar en un proyecto o no, de aceptar un trabajo o de ir a una reunión o contestar un mail, todo podía ser argumentado con nuestro WHY como argumento principal. Apelar al WHY ha sido, y es aún, razón suficiente para motivar una decisión, y es parte del entendimiento colectivo de los socios.
Por supuesto esto no es algo que debe quedar a nivel de socios, sino que debe ser parte de toda la organización, pasando por todos y cada uno de los miembros que la forman. Pero al mismo tiempo, no es trivial. No solamente puede ser difícil de contagiar, sino también es extremadamente difícil de medir.
Empecemos por la pasión. La pasión no es racional. Hace un tiempo leí un libro llamado El Elemento por Ken Robinson, donde ilumina este tema y todo lo que conlleva la pasión. Sabemos que puede ser de alguna forma mamada a temprana edad, pero por sobre todas las cosas sabemos que es algo muy profundo y personal, que no se compra ni se copia, y que es un motivador sin igual. Pero entonces, ¿cómo podemos contagiar de pasión a las personas que trabajan con nosotros? ¿Podemos influenciarlo? O mejor dicho, ¿es algo que tenemos que hacer? ¿Nosotros?
Luego tenemos el propósito. Creo en que tener propósito es algo que nos ayuda (en contraste con la pasión, que nos impulsa) a seguir adelante a pesar de los obstáculos. Y veo el propósito como algo cambiante a lo largo del tiempo, que se ajusta por cambios internos y externos, y que al mismo tiempo puede ser moldeado exteriormente hasta cierto grado. Considero qué el propósito debería tomar algo de nuestro tiempo en ser encontrado, refinado y compartido con el resto dentro de la organización.
Y por último, la alegría. La más maleable y cambiante de los tres. Totalmente influenciada por agentes externos y, a pesar que construida desde adentro, contagiosa y poderosa. Sin dudas un componente fundamental de la felicidad. Algo a trabajar y promover cada minuto de cada día.
Pero luego de muchos más libros y momentos de reflexión, descubrimos que nuestro WHY tenía una carencia muy importante. Algo que todos valorábamos mucho, y que consideramos extremadamente necesario para completar nuestra felicidad. Algo que no tuvimos en cuenta cuando lo formulamos inicialmente y que sin ello no está completo.
La libertad.
Entiendo hoy por libertad la capacidad de decidir en qué uno se invierte a sí mismo. Y entendemos que existen diversos sabores de libertad. Pero me quiero enfocar en algo que encuentro particularmente interesante. ¿Puedo sentir libertad cuando no soy totalmente libre de elegir entre la infinidad de opciones? ¿No existe la libertad a menos que sea totalmente libre? No lo creo. Veo la libertad como una enorme franja gris con millones de matices. Cada paso hacia adelante es un grado más de libertad. Y desde el primero ya soy libre. Un poquito, pero lo soy. Y lo que creo es importante no es la libertad que tengo en términos absolutos, en comparación con una medida exterior, sino la sensación de libertad que siento. ¿Deja mi libertad de existir si tengo pocas opciones pero de igual forma me siento libre? No lo creo.
Esto presenta un modelo muy interesante aplicado al trabajo. Cuando pienso en mi trabajo siento por momentos una libertad increíble. Siento que estoy fluyendo y qué puedo decidir como armar mi día a mi gusto, elegir en qué lugar del mundo estar, y trabajar en lo que tengo ganas, ya sea un proyecto personal o algo específico para un cliente. Me siento realmente libre. Pero por otro lado, soy consciente que no soy completamente libre. No puedo aún viajar todos los meses a lugares diferentes. No puedo hacer equipo con la gente de Tesla para crear un auto eléctrico a mi gusto. Entonces, ¿soy realmente libre?
En una discusion con uno de mis socios, hablábamos sobre esto y la paradoja de si realmente quiero hacer lo que puedo hacer. ¿Soy libre si solamente elijo lo que puedo acorde a mis medios? Es ésta la pregunta sobre la que hoy creo tener un poco más de luz.
La libertad no es dada. O al menos para la mayoría de nosotros. La libertad es conseguida, ganada. Es el resultado de una o más acciones a lo largo del tiempo. Es el resultado de horas de trabajo, de una buena inversión, de una venta, de un regalo, de un cambio mental. Algo que se hace, que resulta en un grado más de libertad, o en un salto de varias casillas. Pero ésta acción varía en cada uno de nosotros y cuánto impacta una misma acción en nuestra libertad (o sensación de libertad) depende de la persona. De la misma forma, algo que hacemos puede quitarnos libertad. Una decisión “errada” puede quitarnos grados de libertad que debemos conseguir nuevamente con otras acciones o decisiones.
Pero algo curioso sucede cuando encontramos pasión, propósito y alegría en nuestro trabajo. En mi caso, mi trabajo me ayuda a dar los pasos correctos en la dirección de aumentar mi libertad. Y a su vez, me apasiona. Disfruto haciendo mi trabajo. Cada día me ayuda a tener más claridad en lo que quiero y no quiero hacer. Me ayuda a madurar en mis opiniones y mis sentimientos. Y al mismo tiempo, me ayuda a conseguir lo que quiero como fin último. Entonces, ¿por qué no voy a elegir hacerlo? ¿Lo ves? Es un circulo virtuoso. Es una espiral ascendente. Una máquina de movimiento perpetuo. Elijo hacer algo porque me apasiona, queriendo conseguir libertad. Y eso que hago me da la libertad que quiero conseguir. Elijo algo que puedo. Elijo algo que quiero. Y me siento libre.
Para terminar, quiero hacer un comentario sobre esto en relación a las demás personas que forman parte de la organización. Me gusta mucho la idea de transmitir la pasión que siento, así como mi propósito y mi alegría para contagiar a los demás. Me encanta también la idea de poder ayudar a los demás a conseguir la libertad que necesitan para ser felices. Al mismo tiempo mi set mental post-guerra me pregunta: ¿pero por qué los demás van a hacer el trabajo que tienen que hacer por la compañía si son libres de hacer lo que quieran? A lo que me respondo: porque su trabajo los ayudará a conseguir esa libertad, y lo van a elegir y elegir nuevamente cada día porque les apasiona, encuentran propósito y sienten alegría.
De esto puedo sacar una conclusión que creo es de importancia. No necesitamos hacer esfuerzos extraordinarios para inspirar y apasionar a las personas que trabajan con nosotros. Necesitamos una sociedad más madura. Precisamos que las personas piensen en esto, y se conozcan más a sí mismas antes de los 30. Necesitamos conocer nuestras pasiones, tener propósito y querer encontrar propósito en lo que hacemos, y de ésta forma encontraremos nuestro lugar en una organización que nos ayuda a conseguir la libertad que queremos, haciendo lo que queremos hacer, y siendo libres cada día de nuestras vidas.

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